¿Es verdad que todos los chinos saben kung-fu?

Una de las primeras peticiones que un compañero de trabajo o un amigo chinos suelen hacer al visitante español en las primeras ocasiones en las que se encuentran en ambiente distendido, como una cena de trabajo, es la de “¡Baila algo de flamenco!”. Ante la réplica, bastante habitual, de que uno no baila flamenco y de que, es más, la mayoría de los españoles no saben bailarlo, los chinos suelen contestar con una mezcla entre decepción e incredulidad: “¡Pero si tú eres español!”. Una fácil escapada a esta situación puede ser replicarles con un “¿Y tú sabes kung-fu?”, a lo que rápidamente contestarán que “¡Claro que no! No todos los chinos saben kung-fu, sólo los que lo estudian”. El interlocutor chino avispado no necesitará más explicaciones sobre la relación entre flamenco y españoles…

Y es que, efectivamente, y en contra de la visión que nos ha llegado a través de mucha de la filmografía china, no todos los chinos saben kung-fu. Ni, desde luego, todos los que lo practican reparten lo mismo que lo hacía Bruce Lee.

fideos bruce lee
“Fideos chinos Gonfu: para ser nutritivos, tienen que estar bien cocinados”. Si Bruce Lee levantara la cabeza…

La palabra kung-fu viene del chino 功夫 (gōngfu). Esta palabra, que llevó a Occidente un jesuita francés, es la que solemos utilizar para designar las artes marciales chinas, mientras que en China este término dejó de usarse hace decenas de años, y ha sido sustituido por el de武术(wǔshù). Hay una enorme variedad de escuelas de artes marciales chinas (xingyiquan, hongquan, ditangquan, chaquan…), aunque de todas ellas la más popular y seguida en China es sin duda la del taiqiquan, es decir, lo que nosotros conocemos como taichí.

El taichí, explicado de forma sencilla, se basa en una serie de movimientos con los que se trata de mejorar la circulación del qi o fuerza interna de nuestro cuerpo, para encontrar así la armonía. Admite un gran número de variaciones: con las manos desnudas, con espada, con abanico… Aquellos que lo practican de forma estricta comienzan con lo primero, para ir poco a poco añadiendo elementos de mayor complejidad. El entrenamiento clásico que, como la mayoría de artes marciales, se basa en el principio de “el maestro cuida del discípulo tres años, el discípulo cuida de él otros tres” (师看徒三年,徒看师三年), también se sigue aquí.

taiji matinal
Ancianos (y no tan ancianos) practicando taichí en una plaza. Ninguno tiene pinta de que aprender este arte marcial le vaya a servir para dar patadas a lo Jet Li…

Sin embargo, con el paso del tiempo, esta disciplina ha pasado a practicarse también, de manera mucho menos ortodoxa, entre la población general, especialmente entre los ancianos, ya que se considera que su práctica les ayuda a mantenerse en forma y evitar problemas de salud. En los parques y plazas, a primera hora de la mañana o a última de la tarde, es bastante habitual en China ver a ancianos, a veces con maestro, a veces solos, practicando taichí. La importancia que tiene esta disciplina también se manifiesta en el currículum universitario chino, ya que suelen estar obligados a practicarlo durante seis meses, dentro de la asignatura de educación física (obligatoria durante los primeros dos años de licenciatura).

Así que, en resumen, el tópico de que todos los chinos saben kung-fu es tan falso como el de que todos los españoles sabemos bailar flamenco (sobre otra cuestión que les intriga sobre nosotros, a saber, dónde guardamos los toros en nuestras casas, con lo grande que es ese animal, ya hablaremos más adelante).

Fuente de las imágenes | nipic.com, tjhanrc.blog.163.com

 

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