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Selma, profesora de español en Chongqing

Esta semana tenemos el placer de hablar con una amiga de Trabajoenchina.org, incluso podríamos decir que es una colaboradora de la web en la sombra. Amante de la lengua china y profesora de español, Selma se une a Hispanohablantes por China para contarnos cómo ha sido su experiencia en China durante estos casi 8 años.

Selma, lectora AECID en China

Nombre: Selma Balsas
Ciudad natal: Jaén
Ciudad en China: Pekín al principio, Chongqing actualmente
Fecha de llegada: agosto 2005
Edad: 30 años
Profesión: Profesora de español
Estudios: Licenciada en Traducción e Interpretación.

– Hola, Selma. Gracias por dedicarnos unos minutos a responder las preguntas de esta entrevista que tanto pueden ayudar a los lectores de Trabajoenchina.org. En primer lugar, ¿nos podrías  contar por qué viniste a China la primera vez?

Llegué a China con una beca del Ministerio de Educación de China, que cubría matrícula en un curso anual de lengua china en una universidad, alojamiento y un pequeño subsidio mensual. Había estudiado chino durante la carrera, pero sabía que no tenía nivel suficiente como para poder utilizar esta lengua en mi trabajo, así que solicité esta beca con la intención de venir a China a mejorar el idioma.

– Como sabrás, hace unos días se empezaron a conocer los candidatos preseleccionados para los lectorados MAEC-AECID 2013/2014 en China, ¿qué consejo le darías a las personas que piensan solicitar una plaza en China en las próximas convocatorias?

El nivel de los candidatos que se presentan a las plazas en China es bastante alto… La mayoría de los lectores que están ahora mismo ocupando plazas son personas que ya llevaban años en China, hablan el idioma, tienen formación específica en enseñanza del español, tienen experiencia dando clases a alumnos chinos… La competencia es muy fuerte. A aquellos que están pensando en solicitar una plaza en China, aunque suene negativo, les diría que se pensaran si realmente tienen un perfil explotable al mercado chino. Sólo por poner un ejemplo: una compañera de trabajo, filóloga, máster en español lengua extranjera y con dos años de experiencia en China trabajando en universidades, el año pasado no logró pasar ni la preselección para China. La competencia aquí es muy fuerte, no es fácil hacerse un hueco ahora.

– Parte del proceso de selección se realiza desde España y en la convocatoria se detallan la valoración de los méritos para ser preseleccionado. Sin embargo, la decisión final se toma desde China. Por tu experiencia, ¿qué crees que es lo que más valoran las universidades para realizar esta elección?

Creo que son dos cosas las que más valoran. Lo primero de todo, la experiencia laboral previa. Aquí valoran mucho haber trabajado previamente con alumnos chinos: se entiende que, si conoces el perfil del alumno, sabrás cómo ayudarles a superar más fácilmente sus dificultades de aprendizaje específicas.

Segundo, conocimiento del idioma chino. En los departamentos piensan que hablar chino hace que la relación entre el profesor extranjero del departamento y los alumnos chinos, especialmente los de cursos iniciales, sea más relajada, más fluida. Que el profesor hable chino es algo que valoran tanto como la experiencia con alumnos chinos. En mi caso personal, me consta que tener un nivel alto de chino fue lo que inclinó la balanza a mi favor frente a otros candidatos.

La formación específica en enseñanza de español como lengua extrajera también cuenta, pero muchísimo menos que las dos anteriores.

– Antes de trabajar como lectora AECID en Chongqing ya tenías experiencia en la enseñanza de ELE en China, ¿nos podrías contar dónde habías trabajado y cómo conseguiste esos trabajos?

Cuando llegué a Pekín, hace ocho años, el número de profesores de español era mucho más reducido que el que hay ahora… Empecé a trabajar en el Instituto Cervantes, primero en cursos de fin de semana y, más tarde, en cursos regulares. Fue a través de una profesora que trabajaba allí que me enteré de que buscaban a gente. Y, una vez dentro, a través de los compañeros, es más fácil enterarse de ofertas en universidades, donde de vez en cuando puede ser que falte gente para cubrir tal o cual asignatura, o para hacer unas horas de tutorías a la semana. En aquel momento, lo difícil era entrar. Pero el mercado ha cambiado mucho en estos años, ahora mismo hay bastantes profesores de español en Pekín, muchos de ellos muy bien formados… ya no es tan fácil entrar como lo era hace años. Con la crisis, muy pocos profesores que trabajen en universidades se aventuran ahora a dejar sus puestos para buscar un trabajo mejor en otro centro o en otra ciudad. El mercado está bastante estancado.

– Muchos lectores nos preguntan sobre la formación que se necesita para dar clase de español en China. En tu caso, ¿cómo te preparaste para ser profesora de ELE?, ¿exigen una formación académica determinada?, ¿qué se valora más en China, la formación académica o la experiencia profesional?

Yo ya venía formada en ELE cuando llegué. La cuestión de la exigencia de la formación depende de las universidades: donde trabajo yo ahora mismo sólo admiten a lectores con  grado de máster o superior, pero no en todos los centros son tan exigentes. Lo que está claro es que la experiencia se valora, y mucho: los alumnos tienen un gran peso en las decisiones que se toman en el departamento, son exigentes con lo que esperan de sus profesores, y pueden, con sus quejas en el departamento, hacer que echen a un profesor de su puesto. La experiencia es imprescindible para dar clase aquí, si se desea mantenerse en el puesto.

– Suponemos que durante todos estos años habrás notado un considerable aumento del número de españoles en China, ¿es cada vez más difícil encontrar trabajo en este país?, ¿cómo es la situación laboral para los profesores de español en China?, ¿hay muchas oportunidades de trabajo?

Ahora mismo veo la situación mucho más saturada y estancada que cuando llegué hace unos años, cuando salían y entraban profesores con más fluidez, y era más normal que se quedaran plazas vacías en las universidades y academias. Ahora, con la crisis, poca gente está dispuesta a aventurarse a abandonar su plaza para buscar algo mejor, sin que haya garantías. La gente tiende a quedarse donde está. Sigue habiendo oportunidades, pero el número de solicitantes aumenta, mientras que el número de plazas no crece, por lo que la competencia es cada vez mayor. Si hablamos de universidades, ahora mismo no creo que sea fácil hacerse hueco en una que esté en una ciudad grande, si bien en las ciudades más pequeñas es posible que sí que haya plazas. Si hablamos de otro tipo de centros, como academias o escuelas de idiomas, encontrar trabajo puede ser fácil, pero el principal problema es que esos centros rara vez facilitan el visado, a pesar de que afirman lo contrario, y no ofrecen trabajo de forma estable.

– Según nos has comentado, has trabajado tanto en un centro español como en centros chinos, ¿qué diferencias nos podrías destacar respecto a las condiciones laborales?, ¿y en cuanto a los aspectos académicos?

 Son dos perfiles de trabajo diferentes, me resulta difícil comparar… En el Cervantes, no hay vínculo laboral con el centro, los contratos son por obra y servicio y tu relación con el centro termina cuando terminan tus clases. La relación con los alumnos es también más breve: cuando terminan el curso de 60 horas termina tu relación con ellos, ya que rara vez coincidirás con ellos en un curso de nivel superior.

En la Universidad, además del salario, a los profesores se nos proporciona casa, un cupo de gas, luz y agua y un billete de avión al año; los contratos son anuales y pueden exigirte que, además de las horas de clase pactadas en el contrato, dediques horas extra (no remuneradas) a participar en actividades culturales, deportivas, tutorías a otros profesores… La dedicación a los alumnos es a tiempo completo: es relativamente habitual recibir mensajes al móvil a las 10 de la noche preguntando dudas sobre los deberes.

En cuanto al aspecto académico, las diferencias son también muchísimas. En el Cervantes toda la programación, selección de manual, materiales… está realizada por los profesores titulares del centro, los profesores colaboradores sólo tienen que preocuparse por preparar sus clases. En la universidad, no hay absolutamente nada. A los lectores sólo nos dan el nombre de la asignatura, sin objetivos generales, sin programación, sin absolutamente nada. No hay tampoco comunicación con otros profesores del departamento para coordinar contenidos. La responsabilidad es muchísimo mayor y hay que estar muy preparado y dedicar muchas horas para que las clases salgan medianamente bien.

– Después de estar trabajando tantos años con estudiantes chinos, ¿qué cualidades destacarías de ellos?, ¿y defectos?

No me gusta generalizar, ni tampoco utilizar “cualidades y defectos”, porque son cosas subjetivas. Digamos que, entre las cosas que no me gustan mucho de ellos, están el hecho de que tienen muy poca iniciativa propia, que son un poco desastrosos y ponen muy poco cuidado en los detalles técnicos y, sobretodo, que están más preocupados por las notas que por aprender. En cuanto a las cosas que más me gustan, se encuentran el respeto que tienen hacia la figura del profesor, que son cariñosos y se preocupan mucho por ti, y que tienen una habilidad enorme para sacar ingentes cantidades de trabajo en muy poco tiempo.

– Al principio de la entrevista nos comentabas que tu principal objetivo al venir a China era mejorar tu nivel de chino. Háblanos de tu experiencia con esta lengua.

Había estudiado chino en la universidad, en España. Podía leer textos sencillos, pero no lo hablaba. Mi primer año en China lo pasé en una universidad estudiando, pero no me sirvió de mucho… Pasaba muchísimas horas al día en clase para aprender relativamente poco, principalmente porque di con profesores no demasiado buenos. Los siguientes años los pasé en una academia, y aquí sí que aprendí mucho, ya que podía escoger las asignaturas que más me interesaban y, sobre todo, a los profesores que más me enseñaran. Pasé dos años de mi vida dedicando dos horas diarias única y exclusivamente a memorizar caracteres, más las horas de clase y las que había que dedicar a repasar las clases. Es una lengua cuyo estudio serio requiere mucho tiempo.

En contra de lo que pueda decir mucha gente, el chino en sí realmente no es difícil: la gramática es relativamente sencilla, el léxico llega un punto en el que empieza a adquirirse de forma intuitiva y los tonos se te van quedando sin necesidad de memorizarlos a partir de un cierto nivel. Las claves para estudiar esta lengua son el tiempo y la paciencia. Si no tienes ninguna de estas dos cosas, es mejor dedicarse a otra lengua. Si las tienes, es una lengua maravillosa de aprender, de la que siempre estás descubriendo cosas y que nunca dejará de sorprenderte gratamente.

– ¿Es necesario hablar chino para trabajar como profesor de ELE en China?

No es necesario, pero ayuda muchísimo. No sólo como apoyo en el currículum, como he comentado antes, sino también porque el conocer la lengua materna de los alumnos ayuda al profesor a identificar el origen de muchos de los errores que cometen, y esto ayuda a solucionarlos más eficazmente.

– ¿Te planteas trabajar alguna vez utilizando el chino como herramienta de trabajo?, ¿lo has hecho ya?

Ahora mismo es una de mis herramientas de trabajo porque enseño traducción chino-español en mi universidad. Pero si te refieres a utilizarlo en exclusiva como herramienta de trabajo, hace unos años colaboré con el Departamento de Cultura del Instituto Cervantes de Pekín y la lengua vehicular para el trabajo era principalmente el chino. Podría volver a hacer algo así en el futuro, pero no se encuentra entre mis planes, prefiero la enseñanza. 

– Cuéntanos qué tipo de visado tienes, si siempre ha sido así, quién te lo ha facilitado en cada uno de los casos y qué tuviste que hacer para cambiarlo.

He pasado por casi todos los tipos de visado: negocios y estudios a corto plazo (F), estudios (X) y trabajo (Z). En todos los casos, las universidades o centros donde he estudiado y trabajado tenían una oficina de visados, donde te ayudaban a tramitarlo. Es un proceso engorroso y lento, pero llevando toda la documentación no hay problemas. Cuando llegué, había mucha gente que entraba con un visado de turista y luego lo cambiaba aquí por uno de negocios, si encontraba trabajo, o de estudios, si se animaba a apuntarse a alguna universidad. Ahora los trámites han cambiado y hacer esto no resulta tan fácil, ni mucho menos. Sé de compañeros que han tenido que bajar a Hong Kong a cambiar allí su visado, con todos los gastos que esto supone. La legislación de visados se lleva a cabo cada vez de forma más estricta.

– ¿Qué es lo que más echas de menos de España?

A mi familia. 

– ¿Qué es lo que más te llama la atención de China? Cuéntanos alguna anécdota que hayas vivido.

Supongo que lo que más me ha llamado la atención ha sido la diferencia cultural norte/sur. Cuando llegué a Pekín, conseguí adaptarme a la vida con cierta rapidez y sin problemas. Al cabo de unos meses, ya me sentía perfectamente bien en Pekín, y esa sensación se mantuvo a lo largo de todos mis años allí. Pero, al llegar a Chongqing, y después de tantos años de vida en China, he sufrido por primera vez un choque cultural tan, tan fuerte que aún no he conseguido superarlo. El carácter de la gente, el ritmo y la forma de vida, la forma en la que la gente se relaciona contigo, la alimentación… son completamente diferentes. El idioma tampoco ayuda: aquí la gente no habla chino mandarín, sino dialecto de Chongqing, y la comunicación en el día a día resulta altamente frustrante.

– ¿Algún consejo para la gente que quiera venir a buscarse la vida a China?

Que no vengan confiando ciegamente en que esta es la tierra de las oportunidades, donde en cada esquina hay alguien esperando contratarte, porque esta es una ficción que han vendido en la prensa, pero que no es real. Hay que venir siendo consciente de que encontrar trabajo no va a ser fácil, que la cultura es diferente y supone una dificultad añadida nada desdeñable y que el idioma puede ser una barrera importante. No quiero desanimar a nadie con estas palabras, al contrario, animo a todo aquél que esté preparado a que venga a este país, porque es maravilloso. Pero hay que enfocar la cuestión de un modo realista.

 Selma, de nuevo muchísimas gracias por estas palabras.

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Las personas chinas y su amabilidad: occidentales a ojos de orientales

¿Por qué nos miran tanto y sonríen? ¿Se están riendo de nosotros? ¿Estoy haciendo algo …

3 comments

  1. Genial entrevista!!

    Muchas gracias a Selma y a trabajoenchina por acercarnos estas historias, nos son de gran utilidad a la gente que estamos buscando oportunidades fuera.

    Un saludo!

  2. Juan de Dios Cáceres

    Una entrevista genial. Llena de detalles útiles e interesantes. Gracias a los dos.

  3. Henry Corredor

    ¡super chevere la entrevista! además que me sentí super identificado.

    Yo no diría “considerable aumento del número de españoles en China” sino mas bien de “hispanohablantes” 😉

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