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Historia del cine chino II: Shanghai, el Hollywood de Asia

Continuamos desgranando la historia del cine chino y en esta ocasión nos vamos a mediados del siglo XX. Con el comienzo de la década de 1930 muchos son los cambios destinados a ocurrir en la ya potente industria del cine chino. Minxing y Tianyi siguen siendo dos productoras de gran importancia en el mercado pero en 1928 aparece otro actor en escena, la Linhua Film Company, fusión de varias compañías y distribuidoras que no solo aglomeraba gran cantidad de recursos de producción y rodaje, sino también de exhibición.

Muchos intelectuales, escritores y guionistas vieron en este nuevo medio la mejor manera de llegar a las masas y transmitir mensajes sociales o políticos. El ambiente turbulento de la China de la década de 1920 y 1930 crea un caldo de cultivo perfecto para la recuperación ideológica, impulsado principalmente por activistas progresistas ampliamente presentes en la industria del cine local. El ideario comunista e izquierdista, basado en la lucha de clases, las amenazas externas y los problemas de la gente común, empiezan a aparece en producciones como “Los gusanos de seda de primavera” (Chūncán, 1933) o “La diosa” (Shénnǚ, 1934). El cine se convierte en un medio político y productoras como Linhua o Mingxing se alinean claramente. Por su parte la Tianyi sigue con su línea de cine de entretenimiento y por eso se gana la enemistad de intelectuales y distribuidores.

Historia del cine chino II: Shanghai, el Hollywood de Asia
Tang Xiaodan, director de “The Platinum Dragon”

El comienzo de la década de 1930 conlleva además muchos cambios tecnológicos. La primera película sonora “El cantante de Jazz” (1927) llegó a Singapur en 1929, y como en el resto del mundo, fue un gran éxito. La inclusión de banda sonora en una película fue una revolución y todos querían sumarse a ella. La primera película china con sonido, insertado en el disco en vez de en la propia película, sería “Sing-Song Girl Red Peony” (1931) de Zhang Sichuan. Poco después aparecería la primera cinta con el sonido ya integrado en la propia película, “The Nightclub Colours” (Gechang Chunse), producida por Runje Shaw. Además la Tianyi realizaría la “The Platinum Dragon” (1933), la primera película rodada en cantones y un éxito sin precedentes en el cine local.

Guerra chino-japonesa
Guerra chino-japonesa

Pero el mayor shock a la industria del cine chino, y a la estabilidad del propio país, en esta década sería la invasión japonesa. Desde finales de la Primera Guerra Mundial, Japón había obtenido ventajosos privilegios con respecto a China, cosa que nunca gustó en el gigante asiático. En 1931, el Japón militarista decide forjar un imperio colonial en tierras del continente, invadiendo el norte de China y parte de Manchuria. Este ataque resulta en muchas manifestaciones anti-japonesas, especialmente agitadas en Shanghai. Con el pretexto de proteger a sus compañeros expatriados, Japón envió tropas armadas el 28 de enero 1932 a ocupar parte de la ciudad. La inesperada resistencia del Ejército Nacionalista Chino conduce rápidamente a una escalada de violencia por parte de las tropas japonesas que causan miles de muertes y daños en multitud de propiedades. El asedio duraría hasta que el ejército chino de Shanghai se retira en marzo de 1932.

Como ya comentábamos el cine se convierte en una válvula de escape para las ideas más reaccionarias contra la agresión japonesa y los sentimientos de rebeldía y regeneración cultural. Incluso la hasta ahora ajena Tianyi contrata a realizadores considerados de izquierdas y realiza productos con fuerte componente social. Pero poco a poco la invasión se perpetua y las sombras de la Segunda Guerra Mundial empiezan a crecer en Europa. En 1937 la ocupación se convierte en guerra abierta tras el llamado “incidente del puente de Marco Polo”. La inmensa mayoría de las compañías cierra y directores, intelectuales y guionistas dejan Shanghai para huir a Hong Kong o el sudeste asiático. Los que se quedan tiene dos opciones, ceñirse al control japonés o seguir realizando películas consideradas poco aptas por los invasores, con los riesgos que eso contraía. La edad de oro había terminado.

Durante la primera mitad de la década de 1940 pocos lugares en Asia eran seguros para los cineastas debido al fuerte ambiente bélico de la Segunda Guerra Mundial, que arrasa no solo China sino todo el sudeste asiático. Incluso la aparente seguridad de la colonia británica de Hong Kong desaparecería a finales de 1941 con la invasión japonesa. Tanto en China como en Hong Kong se requisaban estudios y salas de proyección y se censuraba fuertemente el cine local para adaptarlo a lo que los invasores querían. Aún así la producción no se detuvo, y compañías como la Nanyang (la antigua Tianyi de los hermanos Shaw) caen bajo el control japonés más por supervivencia que por otro motivo.

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