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¿Es verdad que el chino es difícil? (Primera parte)

Si cualquiera de nuestros lectores se anima a preguntarle a Google si el chino es difícil o no, es más que probable que termine con un importante desconcierto: hay blogueros que insisten en que es mortalmente difícil, periódicos que afirman lo fácil que es, métodos milagrosos que prometen solucionar las dificultades del aprendizaje en un rato y un largo etcétera de opiniones variopintas, que van de un extremo al otro.

Pero, siendo serios, ¿de verdad el chino es difícil? Vamos a responder a esta pregunta por partes, tratando de no dejarnos llevar ni por el pánico a esos dibujitos raros con los que escriben ni por las promesas de milagros temporales.

¿Es verdad que el chino es difícil? (Primera parte)

La pronunciación del chino, para los hispanohablantes, es difícil. Esto se debe a dos razones básicamente: la primera, que nuestro sistema fonológico es bastante pobre (comparado no con el chino, sino en general), mientras que el del chino es bastante pródigo. Esto causa un desequilibrio que se traduce en dificultad para nosotros: si no reconocemos un sonido, difícilmente vamos a ser capaces de articularlo y pronunciarlo. Por otra parte, el chino es una lengua tonal y, si bien es cierto que sólo tiene cuatro tonos (frente a otras lenguas, que pueden tener hasta 12), para los que venimos de una lengua que no dispone de ellos es difícil acostumbrarnos a los cambios en las alturas de las sílabas. La buena noticia para nosotros es que hay estudios que demuestran que, en realidad, para los chinos es más fácil entender a un extranjero que habla con una correcta entonación oracional y a una buena velocidad (porque, por el contexto, deducen más rápidamente lo que les está diciendo) que aquellos que pronuncian de forma más correcta las sílabas, pero hablan más lentamente y sin entonación en la frase. En pocas palabras: mejor rápido y no tan bien pronunciado, que sílabas muy bien pronunciadas pero sin entonación ninguna y a la velocidad del caracol.

La gramática del chino no es difícil. Hacer un estudio comparativo de las gramáticas española y china requeriría no una entrada en el blog, sino un blog entero, pero resumiendo enormemente cuestiones muy complejas, la cosa podría quedar así resumida: a niveles básicos, la gramática china es sencilla. Una vez aprendidas una serie de estructuras fijas y patrones, las transacciones del día a día, o incluso laborales, se pueden llevar a cabo sin dificultad si hay buena voluntad por ambas partes. Con un poco de léxico para ir construyendo sobre la base de esas estructuras, la comunicación está garantizada. Ahora bien, el problema se complica a niveles intermedios y, más especialmente, en los avanzados, ya que la gramática china, para cada una de esas estructuras básicas, tiene tal cantidad de variaciones, excepciones, normas particulares y usos habituales no recogidos en las gramáticas que avanzar en el estudio realmente requiere tiempo, esfuerzo y mucha dedicación.

Los caracteres chinos no son ni fáciles ni difíciles. Uno de los principales problemas a los que se enfrenta el estudiante de chino son esos endemoniados dibujitos que hay que escribir, repetir, repetir y repetir hasta el aburrimiento para recordarlos, y que finalmente acaban por olvidarse si, al cabo de determinado tiempo, no vuelven a aparecer o a ser repasados. No diremos desde aquí que memorizar caracteres es fácil, pero sí que el aprendizaje de los mismos depende mucho del método que utilice el profesor para presentarlos. Si hemos aprendido un carácter como un amasijo de palitos en diferentes direcciones, es bastante probable que se nos olvide a la primera de cambio. Si, en cambio, hemos tenido un profesor que nos ha explicado cuáles son las estructuras que componen los caracteres de forma habitual, qué significan las diferentes partes, cómo podemos distinguir qué parte del carácter aporta significado y qué parte aporta pronunciación, aun siendo cierto que la cantidad de tiempo que debemos dedicar al estudio de los caracteres es importante, nuestra tarea será más sencilla, y el carácter permanecerá en nuestra memoria más fácilmente. Hay que tener en cuenta también que el estudio de caracteres es una inversión a largo plazo: el carácter que estudio hoy lo podré aprovechar para seguir componiendo diferentes palabras durante mucho tiempo.

Fuente de las imágenes: Selma Balsas

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