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¿Es verdad que los chinos son supersticiosos?

Cuando llegamos a China, una cosa que suele llamar la atención es la meditada ausencia del número 4: no hay planta 4 en muchos edificios, a menudo no aparece este botón en los ascensores, los números de teléfono rara vez contienen esta cifra (y, si la tienen, son más baratos), y en los hoteles caros no hay habitaciones con la cifra 4. No estamos ante una fobia colectiva, sino ante una superstición en toda regla: a los chinos no les gusta el 4. La explicación es realmente simple: el carácter del número 4 (四, sì) suena muy parecida a la del verbo morir (死, sǐ). Así que es preferible tener al pobre 4 bien lejos. Por lo que pueda pasar.

1, 2, 3... ¡ups! 5, 6...
1, 2, 3… ¡ups! 5, 6…

Ocurre justo lo contario con el 8 (八, bā), que por sonar parecido al carácter 发(fā), que forma parte de la expresión fortuna económica (发财, fācái), es un número muy popular: las matrículas de coche que lo contienen son más caras, los pisos en la planta 8 son más caros también, al igual que los números de teléfono con esta cifra y, en general, ahí donde esté el número es de esperar buena suerte… y precios más altos. Para entender la importancia de esta cifra sólo hay que pensar en el momento en que comenzaron los Juegos Olímpicos de Pekín: el 8 de agosto de 2008 a las 8:08 de la tarde.

Existen infinidad de tradiciones/supersticiones que se basan en esta similitud de sonidos entre diferentes palabras del chino. Por ejemplo, el carácter de pez (鱼, yú) se pronuncia igual que el de remanente, resto (余, yú), por lo que el pez ha pasado a ser considerado un símbolo de fortuna (si hay remanentes y restos es porque ha habido tanta abundancia de algo que ha sobrado). El carácter de llegar (到, dào) y el de boca abajo (倒, dào) se pronuncian también igual, y de ahí que muchos símbolos de buena suerte se pongan del revés, implicando así la idea de que queremos que lleguen (ya que “la suerte llega” y “la suerte del revés” se pronuncian igual, o “el pez está del revés” y “la fortuna llega”).

Guindillas de tela con lentejuelas: no por ser supersticioso hay que dejar de lado la elegancia.
Guindillas de tela con lentejuelas: no por ser supersticioso hay que dejar de lado la elegancia.

Otras supersticiones están relacionadas con el color rojo, que en China es considerado de buena suerte debido a una leyenda tradicional. Así, por ejemplo, dan suerte las guindillas, porque son rojas (y de ahí la decoración, de gusto algo dudoso, consistente en una tira de guindillas rojas, al más puro ristra de ajos anti-vampírica), y hay que llevar ropa interior y calcetines rojos el año que coincida con tu animal del horóscopo para atraer la buena suerte.

De cualquier manera, y más allá de las tradiciones populares, más o menos seguidas en función de las ganas –o del dinero que se disponga- para perpetuarlas, para lo que realmente existe un gran respeto es hacia la adivinación. No estamos aquí hablando de adivinos del futuro, sino de auténticos estudiosos que, en función de tu fecha de nacimiento, determinan qué días son adecuados para hacer según qué cosas: la inauguración de una empresa, una boda, la compra de una casa, plantearse tener un niño… Las grandes cuestiones de la vida son temas para las que, aquellos que se lo pueden permitir, prefieren contar con la opinión de un adivino, que les ayude a fijar una fecha propicia para el evento (o a evitar las fechas nefastas, llegado el caso). No estamos tampoco hablando aquí de un hábito cotidiano, sino de una cuestión puntual, aunque ampliamente difundida y aceptada.

Fuente de las imágenes | Haohaowandeyeyou.com, 608008.com, nipic.com

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